El anuncio no se realizó en una conferencia de prensa ni tampoco por medio de un comunicado oficial. Fue por mensajes internos que hicieron sonar las alarmas entre trabajadores, contratistas y autoridades locales. Casi a la más mínima expresión se informó que el directorio de la empresa (integrada por YPF, Pluspetrol y Pampa Energía) resolvió el cierre de las principales unidades de procesamiento, dejando en alerta a la comunidad de San Martín, que teme que se repita el abandono que se vivió en los años ‘90 con la privatización de YPF.
La planta de Campo Durán, además de ser una instalación industrial, representa uno de los últimos bastiones de la actividad hidrocarburífera del norte argentino.
En la mencionada planta se refinaba petróleo crudo para convertirlo en productos esenciales tales como nafta, gasoil y gas licuado.
Con el cierre de las unidades Topping y Reforming, se pierde capacidad productiva estratégica en la región y aumenta la dependencia de otros centros de refinación, lejanos, que conlleva mayores costos logísticos y menor autonomía energética.
En un comunicado difundido horas después, la empresa explicó que la decisión responde a una “reconversión del modelo de negocio”, enmarcada en un contexto de “declive sostenido en la cuenca del NOA” y con el objetivo de “adaptarse a los desafíos actuales y aprovechar las oportunidades de la matriz energética argentina”.
La explicación, sin embargo, no logra calmar la incertidumbre, mucho menos el enojo, de los que sostienen el funcionamiento diario de la planta.
En Campo Durán, Aguaray, Tartagal y demás localidades vecinas, la refinería es la vida económica. Emplea a trabajadores directos y a cientos más por medio de contratistas, proveedores y servicios asociados. Muchas familias dependen exclusivamente del funcionamiento de la planta.
Operarios de la planta repiten una y otra vez que “Aguaray va a terminar como Vespucio”, haciendo referencia a la localidad que quedó devastada tras la retirada de YPF en los ’90.
La pérdida de estos puestos de trabajo además de ser parte de una estadística de desempleo, trata la desarticulación de un tejido productivo y social que ha costado décadas construir.
También es pérdida de conocimientos técnicos, empleo especializado, redes logísticas y una cadena de valor que difícilmente se pueda reconstruir a corto plazo. Desde el gobierno provincial, ni los ejecutivos de REFINOR, hasta el momento han dado alguna declaración pública sobre las reales consecuencias del cierre. Solo y, a modo de anticipo, se habla de una posible reunión entre representantes de la empresa y trabajadores. Sin detalles ni plazos.
Por Alfredo Gutiérrez para El Informante – Energía, Oil & Gas y Minería
